La incorporación de trabajadores jóvenes al mercado laboral plantea un reto importante para las empresas: garantizar que quienes comienzan su trayectoria profesional lo hagan en condiciones seguras y con una adecuada cultura preventiva desde el primer día.

La experiencia profesional es solo uno de los factores que pueden influir en la exposición a determinados riesgos. Por ello, la prevención de riesgos laborales en trabajadores jóvenes requiere prestar especial atención a la información, la formación y el acompañamiento durante las primeras etapas de su incorporación.

Un reciente informe del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), publicado en septiembre de 2026, analiza la situación sociolaboral y la siniestralidad de las personas trabajadoras de entre 16 y 34 años en España a partir de datos de 2024. El estudio identifica diferencias en las condiciones laborales y en la incidencia de los accidentes de trabajo respecto a otros grupos de edad.

¿Por qué es importante reforzar la prevención entre los trabajadores jóvenes?

Las primeras experiencias laborales son una etapa especialmente importante para adquirir hábitos y comportamientos seguros. La incorporación a un nuevo puesto implica familiarizarse con procedimientos, equipos, herramientas, espacios de trabajo y normas internas.

En este contexto, una información preventiva insuficiente o una formación poco adaptada al puesto pueden dificultar que el trabajador identifique correctamente determinadas situaciones de riesgo.

Los datos del INSST muestran que, en 2024, la población joven presentó una mayor incidencia de accidentes de trabajo durante la jornada que la población de 35 años o más. El informe también señala que los accidentes in itinere representaron el 40,2 % del total de accidentes entre jóvenes analizados.

Estos datos ponen de manifiesto la importancia de abordar la prevención de forma integral, teniendo en cuenta tanto las condiciones del puesto como otros aspectos relacionados con los desplazamientos.

Formación preventiva desde el primer día

Una de las principales herramientas para reducir los riesgos es proporcionar al trabajador la formación en prevención de riesgos laborales adecuada a su puesto y a las tareas que va a desarrollar.

La formación debe ser comprensible, práctica y adaptada a las características de cada actividad. No debería limitarse a explicar normas generales, sino incluir los riesgos concretos del puesto, los procedimientos de trabajo seguro y la forma correcta de utilizar equipos y herramientas.

También es importante comprobar que el trabajador ha comprendido las instrucciones y resolver las dudas que puedan surgir durante sus primeros días.

Acompañamiento y supervisión

La prevención no termina cuando finaliza la formación inicial. Durante las primeras semanas, el acompañamiento por parte de responsables y compañeros puede ayudar a consolidar hábitos seguros y detectar posibles dificultades.

La supervisión resulta especialmente relevante cuando el puesto implica maquinaria, herramientas, productos químicos, trabajos en altura, manipulación de cargas u otros riesgos específicos.

Además, crear un entorno en el que los trabajadores puedan comunicar dudas o situaciones inseguras facilita la detección temprana de posibles problemas.

Una prevención adaptada a cada puesto

No todos los trabajadores jóvenes están expuestos a los mismos riesgos. Las condiciones pueden variar considerablemente en función del sector, la ocupación, el tipo de jornada y las tareas desarrolladas.

El propio INSST señala diferencias entre grupos de jóvenes según sexo, actividad y condiciones laborales, lo que refuerza la necesidad de que la gestión preventiva se adapte a las características reales de cada puesto.

Por ello, las empresas deben partir de la evaluación de riesgos del puesto y establecer las medidas preventivas correspondientes, junto con la información y formación necesarias.

Crear cultura preventiva desde el inicio

La incorporación de trabajadores jóvenes es también una oportunidad para construir una sólida cultura preventiva. Los hábitos adquiridos durante los primeros años de experiencia pueden contribuir a establecer una forma de trabajar basada en la seguridad, la responsabilidad y la identificación de los riesgos.

Prevenir no consiste únicamente en evitar accidentes. También implica enseñar a reconocer situaciones potencialmente peligrosas, utilizar correctamente los equipos de protección y participar activamente en la mejora de las condiciones de trabajo.

La prevención empieza con una buena incorporación

Garantizar una incorporación segura de los trabajadores jóvenes requiere planificación, formación, información y seguimiento. Una empresa que integra la prevención desde el primer día no solo cumple con sus obligaciones, sino que contribuye a crear entornos laborales más seguros y una cultura preventiva que puede mantenerse a largo plazo.

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